No esperes diploma de honor para sentirte reconocido, si los demás no te notan diferente, no importa…siente que lo eres...
Lo digo por que te observo día tras día regalando vida, no esperes nada…de nadie. No te dejes envolver por el desaliento que pudiesen provocar seres que obran bien cuando todos están presentes, envuélvete de ti, de lo que tú eres…
Sé que te entregas, que disfrutas y aprendes con ellos…tus abuelos como les llamas, pero la ley de la vida, como bien durante estos años te ha sorprendido, te enseña que irrevocablemente nos enfrentamos a la muerte, y aquí está tu dolor… el dolor de ser testigo del abandono que incluso los acompañan hasta el último adiós.
No podemos retenerlos, impedir que nos dejen, pero como hago para que no sufras cuando te avisan que alguien partió…
Don Gustavo, Manuel Díaz y hasta ayer, por quién no soportaste la tristeza, Sr Amigo, están orgullosos de ti, al igual como yo lo estoy.
La tarea es inmensa y todos los días hay hijos que se olvidan de sus padres, viudos (a) abandonados por quienes hoy “quieren hacer sus vidas” y optan por olvidar a quienes se las dieron, personas que se acostumbraron a vivir entre cartones, a resistir el frió, el hambre, y olvido…
No decaigas mamá…muéstrate fuerte e integra como siempre, tu me enseñaste que la procesión se lleva por dentro, te acuerdas? , el camino no tiene fin y nos necesitan…
Tú no naciste para que te sirvan… tu naciste para servir…
Por eso…Párate, tu sabes que hay que seguir…


